jueves, 25 de febrero de 2016

EL RETROCESO






(Jo vinc d’un silenci antic i molt llarg).
RAIMON.


Sabía que este era el último hálito de vida, y sin fuerza para aferrarme a ella, todavía sintiendo el peso sobre mi pecho de Clara, mi biznieta de días, cerré los ojos y me dejé llevar por la brisa de la oscuridad, el silencio, la paz y la nada, a partes iguales.


Al abrirlos de nuevo todo era luz sobre una familia sonriente que festejaba el alta hospitalaria y mi vuelta a casa,


y un compañero de habitación que, tras mi marcha, perdería el máximo exponente de la discusión política sin sentido.
-        Que nos volvamos a ver, pero no en un hospital- me deseó con todo su buen humor.


Volteé los ojos para cerciorarme de que no me olvidaba ninguna pertenencia y me dejé tomar del brazo por mi mujer hasta la puerta de un ascensor que no venía nunca.




Una vez dentro el descenso era de una lentitud extrema, con escalas en casi todas las plantas hasta llegar a la primera, donde me esperaba Clara, mi pequeña de ¡treinta años ya!
-        Te he robado las llaves del taxi- me dijo tomándome la bolsa de mano.
-        ¿Ya te han dado el carné de conducir?
-        Esta mañana... Así que vas a ser mi primer cliente.
Y sin nada para rezar celebré en mi interior la fuerza de voluntad de esta mujer
que a su treintena había sido capaz de continuar con los estudios.



El sol que me esperaba en la calle era el mismo que me había despedido al entrar al hospital y ver los primeros bostezos de mi  hijo mayor Jhonatan


. Hubiera deseado ser testigo privilegiado de su nacimiento pero mi tardanza quedó excusada en la torpeza por no saber encontrar la calle a la que mi cliente quería ir. Es lo que tiene la combinación de novato, Barcelona y noche... Una pérdida de tiempo .





. Hubiera deseado ser testigo privilegiado de su nacimiento pero mi tardanza quedó excusada en la torpeza por no saber encontrar la calle a la que mi cliente quería ir. Es lo que tiene la combinación de novato, Barcelona y noche... Una pérdida de tiempo .



Aparqué la moto a la falda del barrio donde vivían los padres de Clara, y subí caminando por esas estrechas calles sin asfaltar, de casitas hechas con la voluntad de primos y amigos, los domingos de descanso para el recién llegado de Extremadura.
A la entrada de una entrada que todavía no estaba hecha me presenté a don Matías.
            - Buenas tardes nos de Dios. Soy el hijo del Benigno y me ha dicho que me presente a usted y le pregunté, con educación y humildad, que en qué les puedo ayudar y...-.
           








             Y antes de acabar mi preolata aquel hombretón de casi doscientas arrobas, como mínimo, me dió un cubo de agua y me obligó a seguirle entre bigas y rieles(1).
             - ¿Cúantos años tienes, hijo?
             - Catorce, señor.
             - ¿Has construido antes una casa?
             - No señor.
             - ¿Sabes qué es un ladrillo?
             - No, señor.
             - Entonces- me dijo arrebatándome el cubo-, ve fuera y ayuda a mi Clarita a hacer el estofado.






Clarita era de mi misma edad, con la cara salpìcada de viruelas, fea como un demonio que no parase de sonreir. A ella me presenté pero de una manera más breve.
-        Que dice tu padre...-. Esta tampoco dejaba hablar.
-        Yo soy Clara...
Se abalanzó hacia mí y me dió dos besos en la cara...
Estuvimos hablando y riendo toda aquella mañana de domingo. Antes de la comida
de los trabajadores, durante y después de ella... Y nos permitieron dar un paseo por aquel barrio donde cada ladrillo por cimentar  albergaría la ilusión de superación de un emigrante...(2).De vuelta a casa, con una sonrisa que no me la pude desdibujar ni con agua y jabón,  llegué a la conclusión de que... Las niñas olían muy bien. ¿Es que no sudaban?



Pero no me esperaba el mejor de los ambientes. Mi tío Jonás había fallecido, para casi siempre. A mis cinco años no entendía aquel ir y venir de vecinos, 




de caras nuevas, ni la noticia tampoco. ¿Eso quería decir que ya no vería más a mi tito Joni? Me hacía rabiar pero también jugábamos por la calle a adivinar las marcas de los coches: Citröen Visa, Seat 128, Renault Alpine,  y mi favorito: el escarabajo....


En el comedor todo eran lágrimas y silencios, y en la cocina... unas pastitas acompañadas de licor dulce. A ella me envió mi madre, más para que la dejara de atosigar con preguntas que para que comiera algo.
La cocina era fría y estrecha, con un solo fregadero para la loza


A la encimera me subían para bañarme sobre un barreño de cinc, que lo mismo servía para freir migas que para asear niños. Cuenta mi madre que que mi llanto se podía escuchar en toda la comarca pero que también lloraba como un descosido a la hora de sacarme de ese acuario de agua tibia.






                                                                           
Mi madre, Mariluz, Luci, fue mi primer recuerdo, mi primer aroma exquisito y mi primer tono al oído. Es cierto que no pude verla al primer minuto de vida, pero la intuí entre sombras diáfanas como aquel ser que me había mantenido vivo en mi lago de oscuridad y silencio. Oscuridad y silencio. Y paz. Y la nada de la que venía... Y a la que me iba a incorporar en este que sabía que  era el último hálito de vida.





                                                                                     Quin Valiente.

(1). Bigues i Riells, pueblo de la comarca del Vallès en Barcelona.
(2)   Gracias, Teodoro, por haberme enseñado a levantar un mundo con ladrillos y cemento.







jueves, 18 de febrero de 2016





Amigos eternos
 ¿Te acuerdas que el dia de los enamorados te envié un msm rogándote que te mudaras guapa porque después del trabajo iría a recogerte? Con ello quería calmar la ansiedad de habernos tenido únicamente al otro lado del whatsapp durante más de tres meses desde el primer hola me llamo Sombra y tu qué buscas por aquí, Luz. No recuerdo haber escuchado de ti una respuesta parecida a no estoy preparada o no me lo esperaba o no crees que es muy pronto. Con todo ello se hizo la noche pero no nuestro encuentro. Y a partir de entonces mermaron los mensajes, aquella ilusión por darle cara y ojos al receptor de nuestras letras y los monosílabos fueron más concretos.  El dia de los enamorados que te rogué una primera cita  y tú no viste ideal el momento salí  al encuentro del perfil de Clara (joven, aventurera, con ganas de conocer chicos de mi edad. No soporto la mentira), sin más precedentes que cuatro líneas y una llamada. Llámame inconsciente, ingenuo o suicida pero allí se presentó ella de carne y hueso y yo mucho antes, de agua y nervios…. Y reímos lo que no está escrito en los papeles y nos admiramos de nuestras coincidencias y ninguneamos al  dios  del tiempo en las esferas y perdimos la vergüenza a estar en cueros.  Hoy, sin ir más lejos, celebramos cien horas desde el primer beso. A la fiesta de aniversario están invitados nuestros amigos y yo te tomaría por eso si no fuera porque sólo nos ha unido tres emoticonos, dos líneas mal transcritas por el Google y un… no te precipites, todavía es pronto.




Quin valiente.

a estas alturas de la película

 A estas alturas de la película